El valor del contexto bíblico frente a la lectura aislada
Un axioma clásico de la interpretación bíblica afirma que «un texto fuera de su contexto se convierte fácilmente en un pretexto». Aunque es común recordar frases memorables de los Salmos en cuadros o publicaciones sociales, su verdadero poder redentor se revela al comprender qué oró el salmista inmediatamente antes y qué concluyó inmediatamente después.
Por ejemplo, la célebre afirmación del Salmo 23:1 («Jehová es mi pastor; nada me faltará») adquiere una dimensión mucho más sobrecogedora cuando se lee en conjunción con el versículo 4: «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo». El contexto no aminora la promesa; la enraíza en la realidad de la vida humana.