Salmo 143
El séptimo y último salmo penitencial donde David, con el espíritu consumido y el corazón asolado, suplica no entrar en juicio con su siervo y ruega: 'Hazme oír por la mañana tu misericordia; enséñame a hacer tu voluntad'.
1 Salmo de David. OH Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos: respóndeme por tu verdad, por tu justicia.
2 Y no entres en juicio con tu siervo; porque no se justificará delante de ti ningún viviente.
3 Porque ha perseguido el enemigo mi alma; ha postrado en tierra mi vida; hame hecho habitar en tinieblas como los ya muertos.
4 Y mi espíritu se angustió dentro de mí; pasmóse mi corazón.
5 Acordéme de los días antiguos; meditaba en todas tus obras; reflexionaba en las obras de tus manos.
6 Extendí mis manos á ti; mi alma á ti como la tierra sedienta. (Selah.)
7 Respóndeme presto, oh Jehová que desmaya mi espíritu: no escondas de mí tu rostro, y venga yo á ser semejante á los que descienden á la sepultura.
8 Hazme oir por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado: hazme saber el camino por donde ande, porque á ti he alzado mi alma.
9 Líbrame de mis enemigos, oh Jehová: á ti me acojo.
10 Enséñame á hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios: tu buen espíritu me guíe á tierra de rectitud.
11 Por tu nombre, oh Jehová me vivificarás: por tu justicia, sacarás mi alma de angustia.
12 Y por tu misericordia disiparás mis enemigos, y destruirás todos los adversarios de mi alma: porque yo soy tu siervo.
Significado y Contexto Bíblico del Salmo 143
Culmina la serie de los siete salmos penitenciales de la tradición cristiana. David ruega ser escuchado por la verdad y justicia divinas, pero aclara de inmediato: 'No entres en juicio con tu siervo; porque no se justificará delante de ti ningún ser viviente'. El enemigo ha perseguido su alma hasta aplastarla en tierra y hacerlo morar en tinieblas como los muertos. En medio del colapso emocional, extiende sus manos hacia Dios como tierra sedienta. Pronuncia peticiones pastorales sublimes: 'Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande... enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen Espíritu me guíe a tierra de rectitud'.
Reflexión Devocional para Hoy
Reconocer que ante la santidad perfecta de Dios nadie puede jactarse de inocencia propia nos sitúa en el terreno fértil de la gracia. Cuando las fuerzas emocionales tocan fondo y nos sentimos secos como tierra desértica, este salmo nos enseña a extender las manos en oración. Pedir que el 'buen Espíritu' de Dios nos guíe a tierra de rectitud es la brújula más segura para recuperar la paz y el sentido de la vida.
Pregunta para meditar hoy:
¿Extiendes tus manos a Dios con la humildad de una tierra sedienta que anhela su lluvia de gracia?
Oración Inspirada en el Salmo 143
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